Vamos hablar un poquito acerca de espacios para la adoración o “worship
facilities”.

La adoración es participación. Esto significa que no voy a un servicio de
adoración a escuchar o a ver lo que están haciendo o lo que esta sucediendo
en el altar. Voy a participar junto a ellos. Por esta razón, es necesario que el
pueblo se escuche y que diseñemos nuestros templos con esto en mente. Esto
es meramente la utilización de materiales sobre la congregación que me permita
la reflexión de las voces de la congregación para que estos se escuchen. Las
antiguas culturas entendían esto muy bien. Y en sus construcciones había un
sentido de unidad y esto es participación. Construían diferentes espacios
acústicamente preparados para la reproducción natural de la voz. Inclusive, las
sillas que escogemos, el radio de visibilidad al altar, el nivel del altar, y otras
consideraciones que tenemos que tomar nos van a dar un sentido de
participación. En nuestra sociedad se nos ha olvidado como lograr esto y
nuestras iglesias no están diseñadas para lograr este propósito de intimidad en
nuestras reuniones.

Si estamos participando significa que yo puedo ser ministrado por cualquiera de
los hermanos que están adorando junto a mí, no solo por el equipo de
adoración. Pero si la ubicación de las sillas no me permite ver en un radio
cercano la adoración de este hermano y aún a veces lo que Dios está haciendo
en medio de su pueblo, perdemos en gran medida intimidad con participación
colectiva de la maravillosa experiencia de la adoración. No es lo mismo yo cerrar
mis ojos cuando llevo a mi hijo en oración que cuando tenemos los ojos abiertos
y nos miramos para levantar nuestra oración y/o adoración a Dios. Cuando lo
miro orar la intimidad surge naturalmente y eventualmente cerramos nuestros
ojos.

La adoración es intimidad. Tener contacto visual con el pastor o con otros
adoradores, escuchar la congregación como ya dijimos, la cercanía los unos con
los otros en la adoración y la cercanía a la plataforma o al altar nos va a dar una
percepción de intimidad.

Una verdad que Dios está enfatizando más y más en las iglesias en los Estados
Unidos es la cantidad de personas para la cual construimos nuestros templos.
Las antiguas civilizaciones entendían que a mayor cantidad de personas era
más difícil de conservar la intimidad. Por eso, que en sus templos, en muchos
casos, eran para no más de 1,600 personas. Estamos llamados a proveer un
espacio para la adoración donde todos seamos participantes y no espectadores.

El público es uno de los eslabones de la cadena del sonido. Y cuando pensamos
en ellos tenemos que pensar que es lo que verdaderamente están escuchando.
Están escuchando una reflexión del sonido, están escuchando reverberación, o
escuchan eco, se escucha opaco, si esta muy alto el volumen, o si esta muy
bajito el volumen.

Si es inteligible la Palabra, y hago un paréntesis, inteligibilidad es para el sonido
lo que es la fonética para el lenguaje. La claridad de la música y cual es la
percepción que tiene el oyente en cuanto a donde proviene el sonido.

El público que es el receptor final de mi transmisión debe tener una referencia
clara de lo que se esta reforzando, es decir amplificando a través de mi sistema
de sonido.

Ángel D. Pérez es dueño de DanAudio, Inc. Compañía dedicada a la consultoria, diseño e
integración de sistemas de sonido, luces y video en iglesias, gobierno y centros educativos.